sábado, 2 de junio de 2012

Greenpeace o las 'verdades incómodas'


Suelen afirmar aquellos a quienes no les gustan las verdades incómodas que Greenpeace dice mentiras, que alarma y exagera. He leído esta expresión en la prensa internacional y la escuché hace menos de un año -lo dijo alguno de los conferencistas- en un foro sobre responsabilidad social empresarial organizado por Empresas Públicas de Medellín. Como miembro de Greenpeace levanté la mano para protestar, para expresar que es más mentiroso quien asume pose de empresario altruista porque es dueño una pomposa "fundación sin ánimo de lucro" mientras sostiene prácticas dañinas para el hombre y su ecosistema, pero, por razones de tiempo, no alcancé el uso de la palabra. Cómo lamenté no haber podido salir en defensa de Greenpeace, cuando, unas semanas más tarde, el mundo observaba atónito los rostros del accidente nuclear de Fukushima.
Greenpeace ha tenido una campaña sistemática contra las centrales nucleares. Todas sus 'verdades incómodas' sobre el tema, que algunos habían considerado 'exageraciones', quedaron ratificadas en aquel terrible marzo del 2011, cuando los altos niveles de radiación pusieron a temblar al coloso japonés. A un año de la tragedia (la más grande hasta la fecha junto con las de Chernóbil, en 1986, y Three Mile Island, en 1979), Greenpeace, en su 'Magazine 01 Primavera 2012', denuncia: Cientos de habitantes de los alrededores de Fukushima, "lejos de haber sido indemnizados y de haber podido restablecer sus proyectos vitales, continúan bajo la amenaza de la contaminación y atrapados en la maraña de los errores de su gobierno y de la industria nuclear. Son las nuevas víctimas de este sector, que cuenta con más de 400 reactores en todo el mundo"...

Hoy, una noticia adicional sobre el tema asombra al continente americano: "El poderoso atún de aleta azul, que hace más de un año se contaminó de la radiactividad que se filtró de la planta nuclear que se dañó en Japón, cruzó el vasto océano Pacífico y está llegando a las costas de Estados Unidos, es la primera vez que se sabe que este enorme pez migratorio transporta radiactividad a esa distancia: 9.656 kilómetros". Una vez más queda claro, los asuntos ambientales no tienen fronteras; hasta el aleteo de una mariposa tiene repercusiones incalculables.
Entre tanto, Greenpeace continúa su lucha contra la energía nuclear. En días recientes presentó alegaciones al proyecto de revocación parcial de la orden en la que se acuerda el cierre definitivo de la central nuclear de Santa María de Garoña, en España, idéntica a la de Fukushima. La propuesta de Greenpeace al mundo es el cierre progresivo, pero urgente, de todas las centrales nucleares. Los activistas siguen su lucha, muchas veces incomprendida, pero apremiante. Hay que tener 'cojones' para salir a la luz pública a protestar mientras la humanidad observa, sufre y calla.

Hoy estamos ante una nueva cumbre mundial ambiental. Esta vez, se celebra en Brasil la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible Río+20, en el vigésimo aniversario de la fallida Conferencia de Río 92. Y Greenpeace denuncia: "Los vetos y modificaciones al nuevo Código Forestal, anunciados por la presidenta Dilma Rousseff, dejan al pueblo de Brasil sin ninguna garantía de que la Amazonia va a ser protegida. Lo que es evidente es que Dilma no ha tenido en cuenta al 80 por ciento de los brasileños que se oponían a los cambios introducidos en actual Código Forestal, ni a todas aquellas personas que exigieron un veto total".

Greenpeace pide deforestación cero para la Amazonia. Unámonos a este grito. Nuestra selva húmeda del Chocó está siendo saqueada y los helicópteros de compañías internacionales sacan nuestra madera ante la vista de todos. El tema ha sido denunciado ampliamente. Hace falta que este gobierno del presidente Santos, que se declaró ambientalista desde su posesión, decida: Colombia, deforestación cero para sus selvas tropicales. Mañana puede ser tarde. 

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