miércoles, 30 de mayo de 2012

Nueva alternativa para vacuna de tuberculosis

Gracias a los esfuerzos de la ciencia médica, la lucha contra la tuberculosis cuenta con un elemento más para la futura nueva vacuna.
Si bien, la enfermedad es curable desde hace décadas, decenas de investigadores están trabajando en la inmunización frente a ‘Mycobacterium tuberculosis’, la bacteria causante de la tuberculosis que actualmente afecta a millones de personas, debido a que cada vez es más resistente a los antibióticos.
Según los cálculos de los expertos, en 2020 se producirán 1,000 millones de contagios y 35 millones de personas morirán. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud ha lanzado un plan para frenar la enfermedad, que fomentará la investigación sobre prevención y nuevos tratamientos.
Hasta la fecha, la única vacuna disponible es la BCG, que surgió en 1925 de los trabajos del microbiólogo Albert León Charles Calmette y del veterinario Camile Guérin. Está fabricada a partir de la cepa bovina del bacilo de la tuberculosis y es la vacuna más utilizada del mundo. El problema es que confiere protección frente a las formas meningíticas de la enfermedad, pero no frente a la respiratoria, que es la contagiosa.
El último de los avances en este campo se trata de una vacuna para mejorar la eficacia de BCG, que consiste en inocular cuatro antígenos a aquellas personas que ya han recibido BCG para hacerlas inmunes a las formas respiratorias de la enfermedad (las que son contagiosas). Sus responsables, investigadores médicos de la Universidad Estatal de Colorado (EEUU), la han probado con éxito en ratones, cerdos de guinea y primates no humanos.
Si se confirman las pretensiones de este grupo de investigadores y su vacuna llega a la fase I de los ensayos, se unirá a la lista de candidatos -una docena, más o menos- que han alcanzado la etapa clínica de los experimentos.
Pero todas estas iniciativas se enfrentan con un problema esencial: no es posible saber si una vacuna es eficaz hasta que ésta alcanza la fase III y se pone a prueba en unas 20,000-30,000 personas. La explicación a esto es que “no hay correlación de protección”. Es decir, no hay ningún marcador, ningún indicador que permita saber si el compuesto produce inmunidad.
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