sábado, 2 de junio de 2012

Frutas para la salud y antienvejecimiento

La ingestión frecuente y excesiva de grasas saturadas es tal vez el peor hábito que podemos adoptar en nuestro sistema alimenticio, pues esos lípidos que dicho sea de paso, no se disuelven con la temperatura normal del organismo, con el tiempo se van acumulando en el sistema digestivo. Al no existir un consumo abundante de fibra natural que permita barrer esos excedentes, gradualmente ellos van cambiando sus estructura molecular hasta convertirse en ácidos grasos, es decir, una grasa muy delgada que logra permear las arterias hasta depositarse en su interior en la forma de triglicéridos. Es así como se va formando una capa al interior de los conductos arteriales que paulatinamente va disminuyendo su diámetro, con lo cual se acelera la velocidad de paso de la sangre, bien conocida como hipertensión arterial. Por razones obvias esta sedimentación de grasas atenta contra la elasticidad de las arterias, creando con ello un doble efecto... si por un lado la reducción de esos conductos arteriales induce a una mayor velocidad en el tránsito de la sangre, por otro lado compromete la elasticidad de la venas y con ello la motilidad que impulsa el torrente sanguíneo, hecho que resulta bastante paradójico y que bien podría asemejarse al conductor que en su vehículo aplica simultáneamente el freno y el acelerador.

Pero el problema va más allá, toda vez que esa acumulación de grasa en el líquido vital inhibe la principal función de la sangre, cual es la de llevar oxígeno y nutrientes a todas las células del cuerpo y recoger de paso en ellas las toxinas para conducirlas a los órganos encargados de su eliminación... sin el oxígeno depurativo y sin un buen suministro de nutrientes, ya podemos imaginar la decrepitud y la pérdida de vitalidad que esto ocasiona en todos nuestros tejidos. Ni qué decir cuando la sangre pierde su capacidad para evacuar los radicales libres presentes en las células. A más de eso, la concentración de triglicéridos en la sangre sin duda altera su viscosidad, con lo cual ella tiende a formar grumos o trombos que fícilmente pueden resultar atascados en una arteria que ha sido menguada en su diámetro interior...es ahí cuando realizan su nefasta presencia el infarto y la trombosis.

Por fortuna la naturaleza ha provisto en su majestuosa sabiduría una serie de frutas que ejercen una generosa acción depurativa en el torrente sanguíneo... si bien las uvas y los arándanos pertenecen a esta noble estirpe terapéutica, todo parece indicar que es la mora quien ostenta el podio en esta tarea depurativa, pues no solamente limpia los triglicéridos que circulan en la sangre, sino que ayuda a disolver los residuos y adiposidades que se encuentran adheridas a la pared interior de las arterias. Quien esto escribe ha sido ferviente usuario de esta maravillosa fruta y además lo ha hecho siguiendo las pautas de un connotado naturista colombiano, ya fallecido por causa de su avanzada edad... el maestro Israel Rojas. En su libro "Cúrese comiendo y bebiendo" nos ha dejado un saludable e inocuo tratamiento con base en la ingestión de jugo de mora durante 9 semanas. Cabe anotar que el jugo debe ser bien teñido o concentrado y en caso de quererlo endulzar, deberá hacerse solamente con estevia o miel de abejas, pues el azúcar refinado acaba con todas las enzimas de la fruta. Mucho conviene realizarse un examen de sangre con énfasis en el colesterol y los triglicéridos, antes de comenzar el tratamiento y otro al terminarlo, para poder observar con exactitud el efecto depurativo. Una vez terminado el tratamiento o si se quiere, un poco antes de terminarlo, mucho conviene comenzar a tomar una o dos cucharaditas diarias de polen de abeja con el fin de estimular la producción de nuevos glóbulos rojos, pues este otro bello legado de la naturaleza nos dice que por cada gramo de polen ingerido, nuestro organismo genera cerca de 80.000 glóbulos rojos por milímetro cúbico de sangre... tremenda máquina de vitalidad... el tratamiento de la mora es como sigue:

Primera semana= un vaso diario
Segunda semana= dos vasos diarios
Tercera semana= tres vasos diarios
Cuarta semana= cuatro vasos diarios
Quinta semana= cinco vasos diarios

Luego comienza a descender

Sexta semana= cuatro vasos diarios
Séptima semana= tres vasos diarios
Octava semana= dos vasos diarios
Novena semana= Un vaso diario
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